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Smart Fútbol riendo y agitando sus manos entre los muros. El Sr. Edward la vio cuando salía. No dijo nada, pero entró directo a la casa para salvarla. Todo este lado de la casa estaba llameando. Había humo por todos lados. Luego, se aclaró, y, de pronto, vimos al Sr. Edward detrás de ella entre los muros. Ella también lo vio. Se acercó a ella para ayudarla a bajar. Ella se quedó muy quieta por un momento, y cuando parecía que él la había alcanzado, ella dio un terrible grito, y se alejó de él hacia el borde. Lo siguiente fue: ella yacía destrozada en el pavimento frente a nosotros. Estaba muerta, Srta. Eyre. ¿El Sr. Edward? Una enorme escalera le cayó encima cuando bajaba. ¿Sra. Fairfax? ¿Sí, Sr.? ¿Qué diablos está haciendo en este lado de la casa? Adele espera su cena. Sí, señor. Ven, Pilot. ¿Quién está ahí? ¿Quién es usted? He vuelto, señor. ¡Edward, Edward! Sus mismos dedos. ¡Qué pequeños y suaves dedos! Su cabello. Suaves como una flor. Y su corazón también, Edward. Jane. Todo lo que puedes sentir ahora es pena. No quiero tu pena. Edward. No puedes pasar tu vida con una miseria de hombre. Eres joven y fresca. Debes casarte. No me eches. Por favor, no me eches. ¿Crees que quiero dejarte ir? Mientras los meses pasaron, él logró ver la luz una vez más y sentir su calor. Primero, ver la gloria del sol, y luego, el suave esplendor de la luna, y al fin la estrella vespertina. Y un día, cuando nuestro primogénito fue puesto en sus brazos, él pudo ver como el niño había heredado sus mismo ojos como fueron una vez, grandes, brillantes y negros.



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